El Proyecto J2R-Journey to Redemption 2033-, impulsado por la Conferencia Episcopal Española (CEE), en una iniciativa que nace en torno al santuario del arcángel San Miguel hace unos años, deberá ser estructurado con el respaldo de jóvenes de todo el mundo. Una vez concluya el viaje del Papa León XIV a España, Roma se podrá manos a la obra con “los Caminos” como lugar de evangelización y acogida cristiana. Así lo explicaba a esta corresponsal, Monseñor Mikel Garciandía Goñi, Obispo de Palencia, tras concluir el evento sobre la tendencia en auge de la fe cristiana entre nuestros jóvenes, que tuvo lugar en el Real Instituto Universitario de Estudios Europeos de la Universidad CEU San Pablo y organizado por las asociaciones de prensa, CIP y ACPE.
Por Carmen Chamorro
Por Carmen Chamorro
ROMA Y EL PROYECTO J2R DONDE LOS CAMINOS SERÁN LOS LUGARES DE EVANGELIZACIÓN PARA LOS JÓVENES DEL SIGLO XXI
El Proyecto J2R-Journey to Redemption 2033-, impulsado por la Conferencia Episcopal Española (CEE), en una iniciativa que nace en torno al santuario del arcángel San Miguel hace unos años, deberá ser estructurado con el respaldo de jóvenes de todo el mundo. Una vez concluya el viaje del Papa León XIV a España, Roma se podrá manos a la obra con “los Caminos” como lugar de evangelización y acogida cristiana. Así lo explicaba a esta corresponsal, Monseñor Mikel Garciandía Goñi, Obispo de Palencia, tras concluir el evento sobre la tendencia en auge de la fe cristiana entre nuestros jóvenes, que tuvo lugar en el Real Instituto Universitario de Estudios Europeos de la Universidad CEU San Pablo y organizado por las asociaciones de prensa, CIP y ACPE.
Con J2R- Journey to Redemption 2033-, se trata, según Monseñor Garciandía, que los jóvenes sean acompañados en cada uno de los lugares a los que vayan: cualquier camino de cualquier parte del mundo que los jóvenes puedan hacer; desde un santuario hacia otro santuario o desde su casa hasta una catedral. Cada diócesis, cada área del mundo, tendrá que hacer su propia versión porque “pretendemos que sea un proyecto que cuide el proceso, en una verdadera catequesis para que los jóvenes se incorporen a la comunidad cristiana y transformen el mundo”. La evangelización y peregrinación, en la que los jóvenes descubren el patrimonio de la iglesia, les ayudará a desencriptar los contenidos de fe. El arte cristiano es una carta de amor de Dios a la humanidad.
Esta iniciativa bajo las siglas, J2R-Journey to Redemption 2033-, fue presentado el pasado 1 de agosto del 2025 en la iglesia de Santa María de Trastévere, del que resultó un manifiesto, una respuesta unánime de los jóvenes de todo el mundo: ser escuchados y tener un lugar en la iglesia. Ellos aludieron a tres ejes por los que merecería la pena luchar: la evangelización en la experiencia de Dios, en los santuarios y peregrinaciones. Esto es: evangelizar haciendo el camino. Una genuina experiencia de Dios en la que ellos necesitan ser acompañados; El segundo eje en el que trabajar, tender un puente entre el abismo de la fe católica y la cultura juvenil actual. El evangelio ofrece lo que genera e ilumina la fe. Pero la cultura, el modo como los jóvenes viven, puede sustentar la fe, explicarla y celebrarla. “Somos una Iglesia en marcha, somos peregrinos. La fe que se inicia, la primera experiencia de Cristo, hay que acompañarla. Esa es la naturaleza del fenómeno creciente en España y la tarea pendiente de nuestra Institución”.
El Proyecto J2R-Journey to Redemption 2033-, impulsado por la Conferencia Episcopal Española (CEE), en una iniciativa que nace en torno al santuario del arcángel San Miguel hace unos años, deberá ser estructurado con el respaldo de jóvenes de todo el mundo. Una vez concluya el viaje del Papa León XIV a España, Roma se podrá manos a la obra con “los Caminos” como lugar de evangelización y acogida cristiana. Así lo explicaba a esta corresponsal, Monseñor Mikel Garciandía Goñi, Obispo de Palencia, tras concluir el evento sobre la tendencia en auge de la fe cristiana entre nuestros jóvenes, que tuvo lugar en el Real Instituto Universitario de Estudios Europeos de la Universidad CEU San Pablo y organizado por las asociaciones de prensa, CIP y ACPE.
Con J2R- Journey to Redemption 2033-, se trata, según Monseñor Garciandía, que los jóvenes sean acompañados en cada uno de los lugares a los que vayan: cualquier camino de cualquier parte del mundo que los jóvenes puedan hacer; desde un santuario hacia otro santuario o desde su casa hasta una catedral. Cada diócesis, cada área del mundo, tendrá que hacer su propia versión porque “pretendemos que sea un proyecto que cuide el proceso, en una verdadera catequesis para que los jóvenes se incorporen a la comunidad cristiana y transformen el mundo”. La evangelización y peregrinación, en la que los jóvenes descubren el patrimonio de la iglesia, les ayudará a desencriptar los contenidos de fe. El arte cristiano es una carta de amor de Dios a la humanidad.
Esta iniciativa bajo las siglas, J2R-Journey to Redemption 2033-, fue presentado el pasado 1 de agosto del 2025 en la iglesia de Santa María de Trastévere, del que resultó un manifiesto, una respuesta unánime de los jóvenes de todo el mundo: ser escuchados y tener un lugar en la iglesia. Ellos aludieron a tres ejes por los que merecería la pena luchar: la evangelización en la experiencia de Dios, en los santuarios y peregrinaciones. Esto es: evangelizar haciendo el camino. Una genuina experiencia de Dios en la que ellos necesitan ser acompañados; El segundo eje en el que trabajar, tender un puente entre el abismo de la fe católica y la cultura juvenil actual. El evangelio ofrece lo que genera e ilumina la fe. Pero la cultura, el modo como los jóvenes viven, puede sustentar la fe, explicarla y celebrarla. “Somos una Iglesia en marcha, somos peregrinos. La fe que se inicia, la primera experiencia de Cristo, hay que acompañarla. Esa es la naturaleza del fenómeno creciente en España y la tarea pendiente de nuestra Institución”.
El tercer vector en que los jóvenes pusieron empeño es el ahondar con profundidad en las heridas. Hay una Comisión en Roma que estudia las tipologías de las heridas por continentes.
A la pregunta si la dependencia tecnológica y la sobrecarga de estímulos aboca a los jóvenes a necesitar estructuras sólidas y comunidades narrativas, como la iglesia, Monseñor Garciandía establece que si la religión está para rellenar huecos y consolar, “yo diría que nos enfrentamos a una religión cultural, con un dios tapagujeros. En el caso del evangelio, yo hablaría del deseo y la sed y no, de la necesidad y aquí reitero lo que ha servido de inspiración de nuestro proyecto”. Tenemos un Papa actualmente, que es agustino y el trabajo futuro con los jóvenes descansa en la inquietud del corazón humano. En el documento, arriba referido, se resaltó, desde el principio, que hay una inquietud que no aparece en ningún manual psiquiátrico o diagnóstico estadístico y que, sin embargo, atraviesa silenciosamente la existencia de los jóvenes de nuestro tiempo, un desajuste profundo entre lo que uno es y lo que muestra. Una especie de herida sutil que se esconde tras las pantallas luminosas, conversaciones apresuradas, encuentros que no sacian y luego, risas que no nacen de la alegría sino del miedo a quedarse en silencio. Esta inquietud que adopta múltiples rostros converge en la misma verdad: el corazón humano no sabe dónde descansar. Para el Obispo de Palencia Mikel Garciandía, algunos dicen que es ansiedad, otros, un vacío existencial, un nudo invisible en el pecho que asfixia, otros como ruido interior, pensamientos que no callan, exigencias que se acumulan, soledad sin sentir la compañía de nadie. La cultura contemporánea ofrece mil promesas, pero evita la única que puedes salvarnos: un lugar, un rostro, una mirada donde el alma pueda decir con libertad: aquí soy yo. Esta inquietud es tan antigua como la humanidad misma. Los jóvenes del siglo XXI, fragmentados por las prisas, la hiper estimulación y la tecnología, no están tan lejos de ese san Agustin, inquieto que no sabía que buscaba realmente. El escenario ha cambiado, pero el corazón, no. Agustin no nació santo. Nació inquieto. Y conocía cada grieta que atraviesa, hoy en día, los jóvenes. Por tanto, la Iglesia considera que hay que escarbar y acompañar para que ese joven navegue hasta el fondo de su corazón y descubra esa inquietud, que es la voz de Dios en él.
Según los últimos datos esgrimidos por la directora general de la Fundación Camino Lebaniego, Pilar Gómez Bahamonde, el 42% del peregrinaje que arriba al Monasterio de Santo Toribio en Liébana son jóvenes que realizan el camino por motivación religiosa, espiritual y personal.
A la pregunta si la dependencia tecnológica y la sobrecarga de estímulos aboca a los jóvenes a necesitar estructuras sólidas y comunidades narrativas, como la iglesia, Monseñor Garciandía establece que si la religión está para rellenar huecos y consolar, “yo diría que nos enfrentamos a una religión cultural, con un dios tapagujeros. En el caso del evangelio, yo hablaría del deseo y la sed y no, de la necesidad y aquí reitero lo que ha servido de inspiración de nuestro proyecto”. Tenemos un Papa actualmente, que es agustino y el trabajo futuro con los jóvenes descansa en la inquietud del corazón humano. En el documento, arriba referido, se resaltó, desde el principio, que hay una inquietud que no aparece en ningún manual psiquiátrico o diagnóstico estadístico y que, sin embargo, atraviesa silenciosamente la existencia de los jóvenes de nuestro tiempo, un desajuste profundo entre lo que uno es y lo que muestra. Una especie de herida sutil que se esconde tras las pantallas luminosas, conversaciones apresuradas, encuentros que no sacian y luego, risas que no nacen de la alegría sino del miedo a quedarse en silencio. Esta inquietud que adopta múltiples rostros converge en la misma verdad: el corazón humano no sabe dónde descansar. Para el Obispo de Palencia Mikel Garciandía, algunos dicen que es ansiedad, otros, un vacío existencial, un nudo invisible en el pecho que asfixia, otros como ruido interior, pensamientos que no callan, exigencias que se acumulan, soledad sin sentir la compañía de nadie. La cultura contemporánea ofrece mil promesas, pero evita la única que puedes salvarnos: un lugar, un rostro, una mirada donde el alma pueda decir con libertad: aquí soy yo. Esta inquietud es tan antigua como la humanidad misma. Los jóvenes del siglo XXI, fragmentados por las prisas, la hiper estimulación y la tecnología, no están tan lejos de ese san Agustin, inquieto que no sabía que buscaba realmente. El escenario ha cambiado, pero el corazón, no. Agustin no nació santo. Nació inquieto. Y conocía cada grieta que atraviesa, hoy en día, los jóvenes. Por tanto, la Iglesia considera que hay que escarbar y acompañar para que ese joven navegue hasta el fondo de su corazón y descubra esa inquietud, que es la voz de Dios en él.
Según los últimos datos esgrimidos por la directora general de la Fundación Camino Lebaniego, Pilar Gómez Bahamonde, el 42% del peregrinaje que arriba al Monasterio de Santo Toribio en Liébana son jóvenes que realizan el camino por motivación religiosa, espiritual y personal.